No por miedo a errar vas a dejar de jugar.

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Simpática, sociable, divertida, positiva, creativa, comprensiva, extrovertida, decidida, justa, compañera, alegre, respetuosa, sincera, apasionada, amable, humilde, amigable, solidaria, llamativa, neutra, segura, fiel, carismática, imaginativa, puntual, directa, defensiva. Miedosa, impulsiva, distraída, sensible, egoísta, vengativa, rencorosa, vaga, cabeza dura, charlatana, arriesgada, impaciente, orgullosa, inquieta, celosa, contestadora.

viernes, 30 de enero de 2009

Desperté sobresaltada, traspirada, casi sin aire. Había soñado que te marchabas, no regresabas y no querías saber más de mí. ¿Por qué? Me preguntaba, si lo único que anhelaba era darte felicidad. ¿Por qué sola habías decidido dejarme? Si lo único que hacía era privarme de mi libertad y no ver más allá de la realidad (solo la que encontraba en tus ojos).
‘Mereces algo mejor’ – me contestabas. ¿Era posible que en realidad eso pensaras o te habías vuelto completamente loco? A pesar del tiempo que habíamos pasado no te quedó nunca claro que mi vida no era vida sin vos.
Lloraba, me lamentaba, realmente no quería dejarte ir. ¿Qué pasó? Era lo único que pensaba; mientras limpiaba ese dolor (verdaderamente lo intentaba) buscaba en mi memoria algo malo que halla dicho o acotado. ¿A caso sería algo que dije? ¿Por qué, a caso ya no te agradaba mi compañía?
Tal vez era una escusa para dejarme con menos heridas. Tal vez era lo primero que tu mente creaba y tu lengua dejaba soltar, escupiendo mentiras que yo pronto descubriría.
Quería detenerme en el instante en que había dado el pié para perderte, pero yo nunca lo había hecho.
‘De acuerdo’ – firme y seria contesté, conteniendo miles de lágrimas que pronto brotarían de mis ojos. Volteé para tu rostro no ver y dejar nacer esas gotas de dolor que no ibas a apreciar; pero tu mano toco mi hombro y con tus dedos tomaste mi mentón.
Podías ver cada rotura de mi alma en la mirada que clavé en tus ojos a pesar de estar inundada de tanto llorar. La boca me temblaba y mis sueños junto a ti se desvanecían mientras intentaba retomarlos, agarrarlos; era como si cada uno de ellos fueran un grano de arena que en segundos se escaparían de los dedos.
Tú sonreías, decías que no podía ser tan ingenua si sólo me estabas dando la libertad que por años no pude tener, me estabas dando ese respiro que vos no sabías que yo no necesitaba, que con vos era todo más fácil y hermoso a la vez.
Corrí mi cara con un toque de bronca despegándome de tu mano que la sostenía.
‘De acuerdo’ – volví a contestar, esta vez más seria y firme que nunca, secando mis lágrimas con el puño y volteé nuevamente.
Sentí el largo y escalofriante suspiro que hiciste, el aire llegó a mi cuello descubierto; supongo que habrías agachado la cabeza.
Cuando sentí que girabas rápidamente me di vuelta y te tomé del brazo; quedamos en silencio varios segundos.
- ¿Ya no más?
- Ya no más… - terminaste contestando.
Mi corazón aflojó pero mi cuerpo aún se negaba a soltarte. Cerré los ojos y lo hice.
Estaba completamente arrepentida; la desesperación se apoderó de mí, era conciente de que esos labios ya no me pertenecían y ahora serían arrebatados de mí.
Corrí lo más que pude mientras llovía y mi vestido se empapaba y ensuciaba por tanta mugre en esa ciudad. Logré visualizar tu figura con la luz de las veredas, ibas con las manos en los bolsillos. Salté hacia ti con un desborde de lágrimas y suplicas, realmente no quería dejarte ir.
Te expliqué que en corazón se me frenaba, que aunque fueron pocos minutos me costaba respirar y analizar lo que sucedía, que ya me sentía vacía y solo en tus brazos me deseaba cobijar.
Contestaste que era mucho para lo que merecías y que miedo tenías de no poder hacerme volar. Y entre risas y llantos que se mezclaban con la lluvia, bajo esa cascada de confesiones nos besamos y amamos una vez más.
Repetí que mi vida no era vida sin vos, que los días no existirían y el dolor se volvería mi amigo. Pedí que nuevamente me besaras y rogué entre pensamientos que no hubiera más complicaciones, no más inestabilidad.
Ailu

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